El manto oscuro de Quintero-Puchuncaví
No en vano la llaman zona de sacrificio: en Quintero-Puchuncaví la vida cotidiana transcurre entre olores que arden en la garganta, ventanas cerradas por precaución y faenas suspendidas que vacían la mesa. Familias que llevan años contando sirenas y mareas negras, piden algo básico: respirar sin miedo, trabajar sin perder el mar y criar a sus hijos sin que el entorno enferme su futuro.